miércoles, 30 de junio de 2010

LA DISFRUTADA RUTA DEL SEÑOR CAYO

En esta ocasión el grupo RUEDA LA BOTA propone dejar atrás las altas cumbres y brañas de Cantabria huyendo de la temida niebla que nos suele acompañar, nos decidimos por la comarca del Norte de Burgos desde Sedano hasta Soncillo.
Decía Miguel Delibes, gran conocedor y amante de de la zona: tal vez la parte de Castilla menos exaltada literariamente, aunque no la menos bella, donde los ingentes plegamientos y sus peculiaridades vegetales, que preludian las tierras del norte, se conjugan con el clima extremoso y los cielos hondos y azules propios de la Castilla llana.
Tomamos la salida en Sedano camino de Gredilla siguiendo el curso del rio del mismo nombre y disfrutando de los frescos aromas de la mañana, suave pedaleo entre nogales de hermoso porte que tan bien describió el maestro antes referido en "siestas con viento sur".
Una visita a la iglesia de Gredilla y continuamos subiendo, ahora entre sembrados y barbechos cubiertos de amapolas, camino del dolmen El Moreco, uno de tantos que salpican la comarca.

Culminando la subida aparece ante nosotros la gran depresión conocida como La Hoya de Huidobro, un gran embudo tapizado de hayas en cuyo fondo se sitúa la semiabandonada población. Un espectáculo para los sentidos y una gran desolación al llegar al pueblo y contemplar el estado ruinoso en que se encuentra su bella iglesia románica, preludio de otras muchas que encontraremos más adelante. Sabemos que es mucho el patrimonio a mantener, pero seguro también que falta iniciativa y no sólo medios.
Salimos de La Hoya por el barranco dirección norte y paralelos al arroyo, viejas hayas nos acompañan en este bonito y cerrado tramo. Dejamos atrás las poblaciones de Cubillo, Porquera y Dobro y llegamos hasta Ahedo de Butrón, bonito caserío e iglesia.


El sendero que tomamos nos llevará hasta Tudanca donde el apetito y el entorno nos obligan a hacer la parada del día.
Para algunos de los que no conocían el camino, aquí nos tropezamos con la primera emboscada del día, la subida por el paso de Los Tornos, donde la pendiente a superar y el calor junto con el peso de mochilas y bicis nos hacen sudar.
Enseguida volvemos a encontrarnos con el Ebro que nos acompaña hasta Cidad, donde tomamos un refrigerio amablemente servido por el paisano del centro social.



San Miguel de Cornezuelo y Consortes serán nuestros próximos destinos, el primero con bonito caserío de estilo montañés, a la vera de lo que seguro fue un importante camino y el segundo que nos servirá de entrada para otro tramo pleno de vegetación y frescura que nos lleva por Lándraves y.... segunda emboscada, si la primera era para alpinistas, ésta lo es para anfibios, hemos de seguir el cauce del rio, no cruzarle, si queremos atravesar el desfiladero de Las Palancas, estrecho paso entre dos murallas de roca, y hemos de darnos prisa, que las nubes amenazan tormenta y a buen seguro que no es el mejor sitio para que nos atrape.


Justo a la salida se dejan caer las primaras gotas de lluvia, nos queda todavía sufrir un rato de la fuerte subida hasta alcanzar la población de Munilla, en algún sitio he oído que era pueblo de buenos canteros.
No comparto la reciente moda de cerrar los portales de las iglesias con llave, llegamos lloviendo y hubiéramos agradecido tener un lugar de asubio. Otro edificio de gran valor y en peligro.
Después del descanso y de la charla con el paisano de Munilla, emprendemos la marcha que nos llevará por las Torres hasta Soncillo. Parte del camino hacia el puerto decidimos hacerlo andando, disfrutando de la húmeda tarde que potencia los olores de madreselvas y rosáceas que bordean el tramo. Hemos recorrido 62 km. llegamos a Soncillo donde nos espera el hotel El Capricho de Clemente. Una fuerta tromba de agua que nos viene perdonando desde hace rato, descarga sobre las calles, pero al refugio de los soportales, en la terraza del establecimiento, hidratamos abundantemente el cuerpo que mañana continuamos.



Amanece fresquito y con fina lluvia en Soncillo, bien desayunados y saldada la cuenta con el hotel, comprobamos que nuestras bicis se encuentran en buen estado, ningún pinchazo.
Lentamente, calentando piernas, llegamos a Virtus, nos hacemos la foto con el castillo al fondo y continuamos por camino a Cilleruelo de Bezana y San Román para adentrarnos en el Monte de Carrales.

Noche de lluvia, mañana de barro, ya lo dice la copla y Pedro se esforzaba en recordar, pero enseguida el camino mejora y da gusto pedalear por el interior del hayedo que nos lleva hasta el mismo Puerto de Carrales. En Villanueva de Carrales seguimos las indicaciones de un veraneante que disfruta de la soledad del pueblo junto a su familia y por un largo camino bajo el Páramo de Bricia llegamos a Crespos.

Nos recibe este bello pueblo con fuente de agua fresca, grandes nogales para ponerse a la sombra ,las cerezas a punto de caramelo y su joya románica de primera mitad del S. XII. Sitio perfecto para hacer el primer avituallamiento y darle un apretón a la bota.
Subimos a Población de Arreba, salimos por la Calle Real en dirección a Báscones de Zamanzas, caserío metido entre el bosque en el que destaca su iglesia. Llegados a Gallejones hubiera sido más acertado seguir por Rampalay hasta Pesquera, teníamos previsto subir a Turzo y eso hicimos, desde aquí disculpas por el esfuerzo exigido, si bien la bajada a Pesquera desde Turzo siguiendo el G.R 99 también hizo las delicias de los amantes de la BTT.


De nuevo la amenaza de tormenta, junto con el calor, invitan a ponernos a cubierto para comer. Y así fue, la tormenta vino al poco de coger la pista hacia Cortiguera, la nube descarga, pero como hace buena temperatura unos deciden ponerse los chubasqueros, otros se quedan como estaban y alguno hasta se quita la camiseta.
En Cortiguera buscamos al Señor Cayo pero no damos con él, una pena pues queríamos agradecerle el que nos haya inspirado buena parte de la ruta. Pero se acabaron los Cayos y los Hidalgos, sólo los blasones de los palacios y las portadas de las mutiladas casas han quedado como testigos.

Después de la lluvia caída y de visitar lo que queda de Cortiguera, el camino sigue mostrándose generoso con nosotros; tenemos unas formidables vistas sobre el cañón del Ebro, y cuando no le vemos oimos su discurrir al fondo.
Dejamos a la derecha el camino que baja a Valdelateja y seguimos ascendiendo hasta alcanzar de nuevo el páramo con sus sembrados. Por fin toca bajar, las piernas piden ya un descanso, llegamos a la carretera que se dirige a Nocedo, pero nosotros nos vamos para Sedano que nos espera una cerveza fresquita.
Quizás para dos días ha sido un recorrido excesivamente largo, pero no sólo por el esfuerzo exigido sino sobre todo porque abarcar, disfrutar y reflexionar sobre todo lo visto lleva mucho más tiempo. Merece la pena.












martes, 15 de junio de 2010

POR LOS PICOS DE EUROPA

Somos unos auténticos privilegiados por la proximidad a la que nos encontramos del maravilloso entorno que son Los Picos de Europa.
De los tres macizos que los componen, elegimos esta vez circunvalar el Oriental o Macizo de Andara, para ello salimos desde Potes, llegamos a Bejes por el Collado Pelea, ascendemos de nuevo a Sotres y contrarios al curso del Río Duje alcanzamos Áliva. Sólo resta bajar a Espinama y ya por carretera alcanzar otra vez Potes. Así contado parece sencillo, nada más lejos de la realidad. Además de superar importantes desniveles, en Picos y un día como éste, hemos de afrontar una climatología muy especial, las cuatro estaciones a lo largo de las nueve horas y pico que tardamos.
Los primeros kilómetros los hacemos por carretera hasta Cabañes, pasando por el bonito castañar de Pendes. En Cabañes un plátano y pie a tierra, las primeras rampas del camino a Pelea sólo son asumibles para nuestro colega Ricardo (una pena que no pudo venir). Cuando acaba el camino de hormigón montamos en nuestras bicis y conseguimos llegar al collado donde el fuerte viento acompañado de lluvia no nos permite hacer parada.

Si la subida es exigente por el esfuerzo, la bajada lo es por la pericia. Así que hay que tomárselo con mucho sentido del humor y no soltar los frenos pero tampoco pasarse con la frenada, en fin, un lío.
Las vistas sobre Bejes y sus invernales son impresionantes, desde este pueblo seguimos el camino minero salvando un importante desnivel hasta el Vao los Lobos, ya unos paisanos nos advierten en Bejes que íbamos a "sudar la bragueta" y no andaban equivocados.
Hemos dejado atrás las bonitas vistas sobre la canal de Urdón y la senda que sube a Tresviso, cruzamos el Monte la Llama y el Jito Escarandi y empapados y castañeando los dientes llegamos a comer a Sotres.
Con el estómago lleno y la ropa seca, que no el calzado, nos internamos en la cuenca del río Duje, divisoria de los macizos oriental y central. Parece que la lluvia nos da un respiro y la niebla también nos permite ir disfrutando del camino, no así de las cumbres de los picos, otra vez será. Llegamos a las vegas de Sotres, grupo de invernales que aprovechan el llano que forma aquí el paisaje, gracias supongo a la cuenca glaciar que dejaron los remotos hielos desde aquí hasta Áliva.
Nos cuesta alcanzar las praderías pero realmente el esfuerzo bien merece la pena. Es impresionante observar este manto verde salpicado de vacas, ovejas y caballos después de tanta roca. La mejor parte pernece a Cantabria, dice la leyenda que los lebaniegos emborracharon al gallo de Espinama que dio la salida antes que el de Sotres a la carrera que echaron un vecino de cada pueblo. El punto donde se encontraron marcó el límite de términos.
Ante nuestros ojos aparece la ermina de la Virgen de la Salud, que puede que nos haya protegido en el duro camino que traemos, además nos ha puesto el sol en lo alto y eso si que es gloria bendita.
Rematamos la tarde con esta tierna estampa de una de las muchas vacas y terneros que disfrutan de esta extensa pradería a casi 1500 metros de altitud.

Dejamos atrás Áliva y los altos picachos y en un vertiginoso descenso nos plantamos en espinama.


Para finalizar la excursión, nada como un fuerte apretón a nuestra querida BOTA. Sólo resta bajar a Potes por carretera disfrutando también de los pueblos lebaniegos.
Han sido setenta kilómetros de bicicleta por una de las rutas más duras que hemos hecho, pero ha merecido la pena.
Ahora cuidado con la carretera y el coche que es lo más peligroso de salir a la montaña, por eso Sito que ama mucho la vida le advierte al chófer: "cuidado pollo que este desfiladero esta más ajustado que los tornillos de un submarino".







domingo, 30 de mayo de 2010

MONTE HIJEDO. PATA NEGRA.

Siempre que vayas al Monte Hijedo volverás con la sensación de haber pisado un sitio único y cada vez más escaso, una enorme masa forestal de distintas especies pero con predominio del roble albar, y sobre todo un espacio donde la biodiversidad y la convivencia de distintos seres vivos, tanto animales como vegetales, son un claro ejemplo de la importancia de todos y cada uno de ellos. Por eso el respeto y cariño por el "monte" (nombre con el nosotros lo conocemos) se va transmitiendo de generación en generación, sirve como testimonio esta imagen del abuelo, hijo y nieto, junto a uno de los varios tejos centenarios que se encuentran dispersos y abrazados cada uno de ellos a su correspondiente roca.
Si el camino lo haces con niños y con adultos que sepan distinguir las distintas especies, el viaje será altamente instructivo para todos. La pequeña rana bermeja que encontramos entre la húmeda hojarasca sirve para hacer una de las muchas paradas didácticas del trayecto; posterirmente sería un pequeño tritón alpino que tranquilamente descansaba en su charca llena de hojas.
Si la especie por excelencia es el roble albar (querqus petraea) existen muchas más que también merecen la pena, roble común, hayas, acebos, avellanos, abedules, mostajos, manzanos y perales silvestres, espinos, salces, los ya mencionados tejos, y algún ejemplar de álamo temblón como el de la foto inferior. Bellísimo árbol que se encuentra en el prado de "La Cabaña", y cuya caracterísca es ese peculiar campanilleo de sus hojas incluso en ausencia de viento.
Pero este bosque ya decimos que es más que árboles, vimos orquídeas, arándanos, y muchas más flores y pequeñas plantas que los entendidos conocían y apreciaban por distintos motivos. De su riqueza en setas ya los aficionados conocen, no vamos a dar más pistas. Por cierto es coto.



Como para valorar las cosas hay que conocerlas, existe un circuito balizado de unos doce kilómetros que es el que nosotros hicimos y que parte cerca del pueblo de Santa Gadea, en Burgos. Pasa por el edificio de la foto inferior conocido como La Cabaña, construción peculiar y bien conservada en la actualidad, cuyo origen se remonta a principios del siglo pasado como lugar de veraneo de un insigne personaje del lugar.
El circuito se sale un momento del monte, pero casi se agradece y así se tiene buena vista de las distintas formaciones de roca arenisca que salpican la zona, también de los pastizales llenos de ganado y de una pequeña turbera que también tiene un alto valor ecológico por las distintas especies que alberga, brezo de turbera, flores de algodón etc.


Cualquier estación del año es propicia para la visita, ahora está verdaderamente precioso con su hoja recién estrenada, en otoño ¡qué os voy a contar!, pero el invierno es muy peculiar también, con su silencio y su negrura, Si vais en pleno verano el calor y las moscas serán el mayor inconveniente.





domingo, 23 de mayo de 2010

VALDELOMAR-CASTRO BERNORIO

Una vez más comenzamos nuestra ruta en el sur de Cantabria, en Santa María de Valverde, junto a la iglesia rupestre y el Centro de Interpretación del mismo.Cruzamos lo que resta del Valle de Valdelomar hacia el oeste por su camino real y llegamos a Cezura, ya en Palencia, recomendable visitar su restaurada iglesia.
Llegados a Helecha de Valdivia nuestro objetivo es la conquista del castro Monte Bernorio, pero sin más pretensiones que las de gozar de sus vistas, y cada uno con su imaginación y alguna lectura de cántabros contra romanos, recrear épocas pasadas.

Desde la planicie del castro observamos la Montaña Palentina con sus nevadas cumbres, Aguilar y su pantano, el Sestil y el Tres Mares y debajo las tierras de cultivo.

Rápido descenso desde el castro hasta Villarén donde hacemos una parada en su ermita rupestre.

Continuamos por una bonita carretera entre sembrados que nos llevará por Pomar y Revilla hasta Covalagua.



Justo antes de Covalagua y a la sombra del haya centenaria damos buena cuenta de nuestras viandas.

El paraje de Covalagua aparece frondoso y rebosante del líquido elemento, las hayas con su recién estrenada hoja, los espinos en flor, hasta orquídeas aparecen, sólamente a las rebollas les faltan unos días para tapizar totalmente sus copas.



Dejamos Covalagua y ascendemos hasta el mirador de Valcabado dejando atrás la cueva de los franceses. Si desde El Bernorio las vistas eran buenas, desde aquí son espectaculares: el páramo, Peña Amaya, La Ulaña, Valderredible, hasta el castro Valnera se ve al fondo. Y a nuestros pies las copas de las hayas del monte Ahedo.


Tenemos que descender otra vez a Valdelomar y como llevamos buen guía, nos mete en la trampa. Pero la trampa no es para nosotros sino para las "fieras y alimañas" que en otros tiempos invadían montes y caminos de la comarca, según consta en las antiguas ordenanzas de 1658 sobre el uso del llamado "pozo de los lobos". Magnífica cabaña de vacas ratinas pastan a su alrededor, pocas quedan ya de esta noble raza.

Desde el pozo los lobos cruzamos dos veces, a distinto nivel, el monte Ahedo, y en rápido descenso acabamos en la iglesia de Castrillo, a la sombra del campanario, que aprieta la calor.

Después de 42 km. y mucha historia tras nuestros pasos, llegamos de nuevo al punto de partida. Otra vez estos estupendos vehículos que son las bicicletas, nos han permitido pasar una estupenda jornada y realizar un recorrido que andando nos resutaría excesivo y en coche imposible.

Estrenamos el bar abierto recientemente junto al Centro de Interpretación y como siempre unas cervezas y unas risas despiden la excursión. Comenzamos a preparar la siguiente.

Más sobre Valdelomar :http://asociacionvaldelomar.blogspot.com/2009/12/romanico-en-valdelomar-cezura.html









domingo, 2 de mayo de 2010

HAYEDO DE CARRALES

Pues ya lo dice el cartel, Quintanilla de San Román, pero ¿dónde diablos está este pueblo?, será difícil encontrarlo, pero si insistimos y nos acercamos al norte de Burgos preguntando por Valdebezana, quizás alguno nos pueda orientar, no es seguro. Lo de Partido Judicial de Sedano ya es una gran pista, pista de belleza, pista de despoblamiento, pista de uno de tantos tendentes a desaparecer, o no. De momento la iglesia románica se mantiene en pie después de años y años, puede que sea la señal de que no todo está perdido.
No me gustan nada de nada las ramas del sauco que se van aproximando a la ventana, conozco de su querencia por las casas abandonadas y los corrales huérfanos. Es esta fachada norte y los antiguos sabían que las ventanas debían de ser muy pequeñas.

Comienza a la vera de esta casa el camino que nos interna en el hayedo de Carrales y que en el día de hoy presenta un inmejorable aspecto para su disfrute.


Con el haya ocurre que cuando la hoja apunta es una verdadera maravilla poder contemplarla, por su color verde fosforito y por su textura aterciopelada, pero dura pocos días , después el verde se oscurece y la hoja se pone más dura. Sucede lo mismo en otoño, los ocres aparecen y desaparecen en pocos días. El camino es muy cómodo, rezuma humedad todo él, hoy estaba especialmente bonito, por lo dicho antes y por la fina lluvia que estaba cayendo.

Hoy día de la Madre, asocio la festividad a la marca amarilla que le han puesto al tronco del haya, madre de muchas de su alrededor, pues es la mas vieja que observo. Están haciendo una "limpia" o "entresaca" y a ésta también le toca, ¿por qué ? está a la orilla del camino, no se mete con nadie, no creo que compita en exceso con su prole, se la llevarán para biomasa, pues ni siquiera para leña para calentar algún hogar del pueblo.
El corzo la goza con los nuevos brotes de hierba que salen en la pequeña pradera que hay dentro del propio hayedo, nos hemos aguantado la mirada durante un buen rato, pero al fin, y por si acaso, pone pies en polvorosa.

Para el que quiera disfrutar de este hayedo, son nueve kilómetros ida y vuelta desde Quintanilla de San Román hasta el Puerto de Carrales, un camino casi llano en su totalidad señalizado en los mapas como camino de la calleja bajera. Si alguien oye, además de a los pájaros, un pequeño murmullo, no se asuste , son las aspas de los molinos eólicos que están en el Pico Nava, pero desde el bosque no se ven. Un pequeño inconveniente de "las renovables".






domingo, 25 de abril de 2010

ALFOZ DE BRICIA. EL DESPERTAR DE LOS SENTIDOS.

Nuevamente los de La Bota nos acercamos a "Tierra Santa", el Sur de Cantabria y Norte de Burgos, hoy nos toca recorrer el Alfoz de Bricia.
Alfoz es una palabra de origen árabe que significa conjunto de pueblos que forman una sola jurisdicción. El capricho humano ha querido que hoy uno de esos pueblos (Espinosa de Bricia) forme parte de Cantabria y el resto, de Burgos. Comenzamos ruta en Renedo de Bricia, un pueblo situado a la vera de la poco transitada N-623. El pueblo está menos transitado aún, no vemos ningún vecino al que preguntar (una tónica común en todo el camino) y rodamos por un sendero balizado a los pies del Castro.
El frío primaveral desaparece en las primeras pedaladas y se empiezan a despertar los sentidos.
El primero el oído.
Sólo se oye el cuco en Barrio. Hace 70 años el ruido de los morteros debió de ser ensordecedor. La barbarie humana no tiene límites. La torre de la iglesia es un mudo testigo de una terrible batalla.
Seguimos ruta y siguen despertando los sentidos. Linares, Lomas, Villamediana, Valderías. A los pies de su deteriorada iglesia el olor del frutal en flor es embriagador. Antes han sido los fuertes taninos del roble los que se nos han pegado al paladar.
El gusto. El que nos dió comer al lado de la ermita rupestre de Presillas. Surge la eterna pregunta. ¿Cómo puede ser que una zona tan bonita y con tanto patrimonio (cultural, natural, paisajístico) esté tan olvidada?. ¿Será que somos unos "rara avis" y en realidad no es para tanto?.

El tacto.
En toda buena ruta tiene que haber una "emboscada". Es decir, perderse lo justo para tener que echar el pie a tierra (y hasta el cuerpo), con lo que se convierte así en algo "histórico". Esta vez tocó entre Presillas y Cilleruelo de Bricia.


La vista.
Sólo pongo dos fotos. Ambas están tomadas desde el páramo entre Campino y Paradores de Bricia. Podría haber puesto 100.


Me vuelvo a casa con la sensación de ser un privilegiado y de que tengo que dar algo a cambio por todo lo que me llevo. Este pequeño testimonio es mi contribución.

lunes, 12 de abril de 2010

VALDEPRADO DEL RIO. BTT

Los de LA BOTA tenemos cierta querencia por la zona sur de Cantabria y norte de Burgos y Palencia. En esta ocasión recorremos una amplia zona del municipio de Valdeprado del Río, uno de los más desconocidos de Cantabria, y pasamos al vecino Valderredible alcanzando la cumbre del Bigüenzo y el pueblo de Loma Somera. Iniciamos la ruta en Arroyal de los Carabeos, hace fresco tan de mañana y a esta altitud, pero el día promete sol; la primavera apunta perezosamente y los prados van tomando color después del frío invierno. Enseguida alcanzamos al fondo el pueblo de La Aldea de Ebro, al que entramos por el puente frente al molino. Hacemos la primera parada para observar su caserío y las ermitas de la salida. Esta declarado bien de interés cultural como conjunto histórico.
Los dos chiquillos que llevamos, enseguida se encaraman a lo alto de su exenta espadaña.

Dejamos el Ebro y su Aldea y vamos camino de Mediadoro, quien junto con Malataja, Laguillos y Bustidoño, forman Los Riconchos. La subida es exigente aunque el trazado evita fuertes pendientes. En Mediadoro, a 1040 m. corre un aire que pela, nos refugiamos delante de la iglesia y tomamos un tentempié mientras charlamos un rato con Vidal, uno de los pocos valientes que aún quedan en la zona.

En Campoflorido retratamos al novillo tudanco de pelo largo, limpio, y menguadas carnes, señales inequívocas de que ha pasado el invierno al intemperie. Pero esta raza está preparada para este hábitat, por algo ostenta la titulación de autóctona.


En la pista que se dirige a Bustillo del Monte cogemos la desviación a la derecha y ascendemos al Pico Bigüenzo, cota máxima de Valderredible con 1287m. En su cumbre viene un viento forastero que jode a los del pueblo así que al socallo de la caseta del vigilante contra incendios comemos el bocadillo de media mañana, quitamos peso de la bota y vaciamos el termo de café. Las vistas son buenas, desde La Montaña Palentina a las de Alto Campoo, el pantano y parte de Valderredible, incluidos los molinos de La Lora.



Desde Bigüenzo nos dejamos caer hasta Loma Somera, por el camino asustamos a cuatro o cinco corzos que por allí pastaban, y llegamos al pueblo cruzando su empedrada Calle Mayor. El pueblo bien merece una visita, la iglesia con su mostajo, la fuente principal, la ermita, y en general todo su caserío antiguo o restaurado.

También es obligada la visita al roble La Piruta, majestuoso ejemplar al que Sito tuvo que abrazar hasta cuatro veces para recorrer su perímetro.

Nos costó encontrar a un lugareño en Loma Somera que nos informara del estado del camino para bajar al molino de La Renegada. Al fin lo conseguimos y hacia allí nos dirigimos por un antiguo, y a tramos empedrado, camino carretero. Por aquí pasa el G.R 99, "camino natural del Ebro", y los encargados de balizarlo han habilitado la zona con mesas y un panel explicativo del molino.

Aprovechando una de las mesas y el sol de mediodía acabamos con los víveres de la mochila.



Dejamos atrás el molino y por una bonita senda paralela al río nos dirigimos entre robles y otras especies de ribera, hasta el barrio de Aroco; un puente allí existente nos permite cruzar el río. Si Bigüenzo era el punto más elevado, ahora estamos en el más bajo de la ruta, unos 740m. No sabemos a la advocación de que santo se erigió la iglesia, lo que si sabemos es que ya ve la T.D.T pues a su campanario han anclado una reluciente parabólica.

Aroco es barrio de Arcera y para allá nos dirigimos por caminos a veces intransitables para las bicis, en este tramo se quiso oir ruido de sables por parte de algún botero en baja forma, pero la cosa no pasó a mayores. Al fondo vemos Bárcena de Ebro, un poco más arriba Reocín de los Molinos, y por fin damos vista al barrio de abajo de Arcera. Desde aquí una buena pista, primero entre rebollas y después entre pinos, nos llevará a la carretera, proximos al lugar de salida.
Han sido unos treinta y ocho kilómetros por esta olvidada y dura comarca, pero no escasa de belleza, tanto de sus pueblos como del entorno que los rodea, incluido el tramo del Ebro que aquí discurre sin alteración alguna. Ya estamos pensando en volver para el otoño.
Unas cervezas siempre tienen la culpa en los finales de ruta, en esta ocasión en la acogedora posada-cantina de Los Carabeos.
http://www.toprural.com/Casa-rural-habitaciones/Posada-Los-Carabeos_27159_f.html