lunes, 20 de septiembre de 2010

LA MONTAÑA HERIDA

Despues de las llanuras holandesas ya echaba uno de menos las montañas de la tierruca, así que sin pereza y con este día de preciosa luz otoñal ponemos rumbo a otra de las villas pasiegas, Vega de Pas, para afrontar desde allí la subida al puerto de Las Estacas de Tueba. Son catorce kilómetros por esta sinuosa carretera, al principio nos acompaña a la derecha el barrio de Yera con sus típicas cabañas y prados, el rio es cruzado en más de una ocasión por unos interesantes puentes peatonales de un solo arco.
Como la subida no está exenta de dureza hacemos varias paradas para el tema de las fotos pero sobre todo porque la orilla de la carretera esta plagada de moras en su punto, que para eso estamos en esta época del año de la recolección de casi todos los frutos de árboles y arbustos, si dejamos de salir al campo también esto se nos olvidará, en el mercado ya se sabe que encontramos de todo en cualquier fecha.

Hemos llegado a este bonito puerto conocido sobre todo por los partes de vialidad invernal: cerrado Lunada, La Sia, y Estacas de Trueba...
Desde aquí se accede a la izquierda hasta la cumbre del Castro Valnera, mirador excepcional de Cantabria.



A la bajada aprovechamos para meternos hasta la abandonada estación de Yera, permanecemos un rato esperando al tren que nunca llegó y continuamos por la plataforma donde debiera de estar la vía. Después de atravesar tres pequeños túneles, llegamos por fin a la entrada norte del Túnel de la Engaña, 6976 metros indica una inscripción labrada en piedra.
Esta herida sigue supurando después de los años y aun pasarán otros muchos hasta que la montaña se la acabe engullendo de nuevo, entonces solo quedará la desmemoria histórica acompañada de la belleza natural del paraje.











sábado, 18 de septiembre de 2010

HOLANDA Y LA BICI

Aprovechando la coyuntura de la semana de movilidad sostenible y el reciente viaje al pais holandés, van unas imágenes comentadas. ¡¡Claro, Holanda es todo una llanura!! Pues si, es una llanura, pero ellos han hecho de la bici su medio de transporte en las zonas urbanas y en las cortas distancias. Tienen una gran infraestructura de carriles bici, con su correspondiente señalización, capaces de unir todo el pais por este medio. Pero no todo es de color de rosas para la bici, es llano pero sus puertos y cuestas suelen ser esos abundantes días de viento. Es un país muy lluvioso pero no he visto que dejen de usar la bici por esa pequeña contrariedad, es verdad que su habilidad con las dos ruedas les permite conducir con una mano y en la otra llevar el paraguas.

No hay edades para el uso de la bici, el señor mayor de la imagen lleva su bastón en el transportín, lo cual quiere decir que se desenvuelve mejor sobre dos ruedas que andando. Es lo que nos llama poderosamente la atención, hay más personas pedaleando que andando y por supuesto que en coche, me refiero a zonas urbanas; pero incluso en las zonas rurales también el uso de la bici es mayoritario, las paradas de autobuses siempre se ven acompañadas de un montón de bicis allí aparcadas.


El relevo generacional del uso de la bici está totalmente garantizado, la dueña o dueño de la bici de la siguiente imagen lleva a su hijo más pequeño sentado sobre el manillar y protegido por el pequeño parabrisas, mientras en el asiento posterior llevará a su otro hijo un poquito mayor. En cuanto estos sean capaces de pedalear por sus propios medios serán ellos mismos los usuarios de la bici. Se ven numerosos grupos de niños y niñas en sus bicis coincidiendo con las entradas y salidas a los colegios.

Lo cual no quiere decir que en Holanda no se use el coche, sus autopistas y autovías suelen estar abarrotadas casi a cualquier hora del día en horario laboral, hay que tener en cuenta que es un país con mucha población. La impresión que tengo es que se conduce tranquilo, se acatan las normas y se tiene un escrupuloso respeto con los usuarios de la bici.



La calle está saturada de bicis aparcadas por doquier, Amsterdam impresiona tanto más por esto como por sus canales. No existe barandilla, farola, pared, esquina o cualquier otro lugar donde no haya apoyadas varias bicicletas.
Lo extraño es ver aparcados coches, bueno alguna reliquia como la de la imagen, igual como su dueño usa también la bici su antiguo Tiburón nunca envejece. También es de destacar el poco uso de motocicletas, lo cual sirve una vez más para afirmar con rotundidad que la bici es el principal medio para trasladarse.


Y como ahorran mucho tiempo no teniendo que buscar aparcamiento para sus coches, les queda un ratito para entrenar su cerebro echando una callejera partida de ajedrez. Digo para entrenar su cerebro porque su físico está en perfecto estado de tanto darle al pedal, no es casualidad que apenas se vean personas con sobrepeso y me daba la impresión que gran parte de los que van en bici llevan al menos media sonrisa en su cara. O esto igual son imaginaciones mias.











lunes, 16 de agosto de 2010

SAN PEDRO DEL ROMERAL

Buena fecha, mediados de agosto, para perderse por estos lares, lejos de los grandes focos veraniegos. Aquí no hay playa pero hay montañas, bosques, prados, vacas, ovejas...
Buscando nuevos caminos uno se encuentra con pequeños monumentos como este casi destartalado humilladero.Y como es sabido, donde hay un humilladero o ánimas, es sitio de paso por importante camino, o en este caso mejor en pasado, fue importante camino. Por él avanzo por aquello de las fuerzas telúricas, si bien estas fuerzas mejor reservarlas para los nuevos, abiertos con grandes máquinas y pensando en tracciones a motor, no en carros ni bicis.


Primero la vaca y después la vaca, elemento principal sobre el que gira la vida de la comarca, sobre ella se configura el paisaje con sus cabañas, sus prados y sus rectilíneas paredes y callejas.

Disponen las ovejas de un sabroso pasto en estas fincas en las que el calentamiento global parece que no tiene cabida. Esas nieblas que a los excursionistas tantas veces nos incomodan dan sus frutos en estos cuidados prados.

No pude resistir la tentación de hacer una foto al racimo de moras ni tampoco de comerlas al finalizar el retrato.

Esto fue todo por SAN PEDRO DEL ROMERAL, una de Las Tres Villas Pasiegas.









domingo, 25 de julio de 2010

HIGÓN-SANTIAGO DE COMPOSTELA.575 KM.DE BICIPELEGRINAJE

La idea surgió de forma repentina, tengo una semana por delante, ningún plan específico, me voy a Santiago con la bici. ¿ Qué ruta ? la mía, desde mi lugar de nacimiento. Por cierto me acompaña Sito, yo encantado.

A las siete de la mañana tomamos café en Higón, informamos a la familia de los planes e itenerario, recibimos sus bendiciones y nos ponemos en marcha.¡¡BUEN CAMINO!!
Marcamos como primer objetivo Aguilar de Campoo, tenemos dos opciones, por el este hacia Valderredible por la Colegiata de San Martín de Elines. Por el oeste, también conocido como "gallego"por la Colegiata de Cervatos. Está claro vamos por la de Cervatos. Recorremos la ribera sur del pantano del Ebro, que está a rebosar, miramos de reojo las ruinas de Julióbriga y nos dirigimos a Cervatos haciendo una parada junto a la iglesia.


Desde la misma colegiata un camino nos lleva a la carretera del Bardal, superado el alto nos internamos en el valle de Valdeolea.




Entre prados, bosques, iglesias románicas, restos de calzadas, menhires y antiguos puentes llegamos a Nestar. Por la calzada Portus Blendius- Pisoraca llegamos a la antigua capital de la Merindad de Campoo. Aguilar. Visitamos Santa María la Real y tomamos un aperitivo en una de las terrazas de los soportales de la bonita plaza.
Nuestra próxima parada será para comer de campo al lado de la iglesia rupestre de Olleros de Pisuerga. Impresionante y mucho más cerca que La Capadocia. Menú campestre: Sopa gallina blanca, callos el campanal y plátano, calentado con el infiernillo última tecnología campiz-gas. Una hora de siesta a la sombra de los árboles y continuamos hasta Alar del Rey donde por el camino que discurre paralelo al Canal de Castilla llegamos hasta Herrera de Pisuerga. Como tenemos viento favorable decidimos continuar hasta Osorno para pasar la noche. Para ser el primer día han sido muchos kilómetros, gracias al Dios Eolo y a un recorrido en general llano, o así nos lo ha parecido a nosotros, acostumbrados a los desniveles de "La Montaña".


El segundo día de periplo amanece con el cielo totalmente despejado y un sol en lo alto que amenaza con aplanarnos. Atravesamos hoy la Tierra de Campos desde Osorno, pasando por Carrión de los Condes, donde enlazamos con la ruta clásica que viene de Roncesvalles, llegamos a Sahagún de Campos y como vamos bien de tiempo y forma pernoctamos en el albergue del Burgo Ranero.

Rodamos en todo momento por caminos de tierra por la "ancha Castilla" que se dispone a recolectar el cereal. Tomamos contacto por primera vez con otros caminantes y cambiamos impresiones en cuanto a la forma de hacer esta ruta, a nosotros nos parece muy dura para hacerla caminando, las largas y monótonas rectas con sus toboganes se nos antojan interminables; los caminantes, por su parte, opinan que es así como se le saca todo el partido. En fin, cada uno con lo suyo. También cambiamos impresiones con las pocas gentes que viven en estos pueblos castellanos, así nos enteramos, por ejemplo, del bajo precio que se paga por la cebada, diecinueve pesetas-kilo, o lo tirado que está el precio del lechazo. Intentamos disfrutar de las vistas de campos de girasoles y cereales y nos acompañan a la derecha y a lo lejos los perfiles de la conocida montaña palentina.

El atardecer castellano es recibido como un regalo para los sentidos, la gran bola de fuego que es el sol potencia los tonos rojos de los adobes y los ladrillos de los campanarios. La infinidad de ranas que deben de dar el nombre al Burgo comienzan su concierto en la laguna, con esa música nos quedamos dormidos.

A primera hora nos ponemos en marcha rumbo a Mansilla de las Mulas y León, es curioso como a lo largo del camino vamos cruzando aquellos ríos y afluentes que de pequeños recitábamos de memoria a la maestra, el Pisuerga, el Cea, el Órbigo, el Esla, cada uno por su bonito puente, el de Hospital de Órbigo está en reparación.


Hemos parado un momento en León para visitar su catedral y hacernos la foto con unos paisanos que conocimos en la anterior etepa, cosas del camino. Las entradas y salidas de las ciudades no dejan muy buenos recuerdos, por lo menos para los bici-pelegrinos.


Seguimos teniendo a lo lejos y a nuestra derecha la cadena montañosa desde el Curavacas hasta Riaño. Nos internamos en el extenso páramo leonés, pobre en sus inicios pero enseguida gracias al regadío procedente de sus pantanos se vuelve fértil. El mayor productor de legumbres de la península, nos dice Jesús el del albergue de Villar de Mazarife, donde comemos y descansamos largo rato.
La tarde aún será dura hasta conseguir alcanzar la bella localidad de Astorga.
Debemos poner especial interés en realizar unos correctos avitualamientos o nuestra llegada no estará garantizada, también la hidratación es parte importantísima de nuestros cuidados. Tampoco somos tan raros que no deseemos saber de nuestra familia.
Desayunamos antes de que amanezca en Astorga, pues nos queda una jornada durilla, hemos de cruzar la tierra maragata hasta subir a la cruz del fierro, punto más elevado del camino a 1500 m. de altitud. Seguimos con nuestras bicis el camino siempre peatonal excepto la fuerte bajada a Ponferrada que elegimos el asfalto.
Dos curiosidades del camino, la primera apuntada por Sito, y es que todos vamos en el mismo sentido, parece un camino sin retorno, debe ser que Santiago milagrosamente nos devuelve a nuestros lugares de origen por distinto itinerario o por distintos medios. La segunda es que hasta ahora no hemos tenido que vender ninguna reliquia para sobrevivir. Tenemos una tarjeta que la metes por una ranura y problema resuelto.
Hemos cruzado El Bierzo, tierra agreste y muy parecida a nuestra Liébana cántabra, rica en frutales, hortalizas y vinos, hasta bolígrafos nacen si se plantan.


Por fin entramos en Galicia con todos los típicos tópicos, fuerte subida al Cebreiro, niebla, paisaje verde, aldeas grises con casas de piedra y pizarra, y también pulpo y ribeiro. Suena ya el cantarín galego que se venía adivinando por tierras bercianas; en el camino se escuchan varios idiomas, predominando el inglés, después el castellano, catalán, alemán, japonés, italiano etc.
Nos vamos dando cuenta que el camino es un recurso turístico importante por las zonas por donde pasa, por muchas creo que el único. Venimos haciendo uso de los albergues, algunos son como un oasis en medio del desierto, sobre todo por Castilla y el Páramo. Nos llama la atención los centenarios y hasta milenarios castaños y robles que flanquean el camino gallego, no como esos arbolitos casi recién plantados de etapas anteriores, con la calor que pegaba y lo necesario que era su sombra.
Disfrutamos pero también sufrimos por los caminos gallegos, para la bici son exigentes o como se suele decir rompepiernas. Cerca ya de Santiago, donde se establece la línea en que te ganas el jubileo, la masificación hace que tengamos que ser prudentes con la conducción, intentamos molestar lo mínimo a los caminantes.

Por fin conseguimos el objetivo marcado , llegamos temprano por la mañana, descendemos el Monte del Gozo, entramos por el casco histórico y pisamos la Plaza del Obradoiro, una ojeada a las agujas de la catedral y a su entorno y enseguida me doy cuenta que llegar a Santiago significa que deseo enormemente regresar con mi familia y amigos. Y significa que empiezo a rebobinar y a ir recordando los buenos momentos que ha tenido el peregrinaje.
No creo que el camino tenga ninguna magia especial, simplemente el hecho de hacer el esfuerzo físico y mental que supone su recorrido, con una velocidad y en un medio muy distintos a los que habitualmente estamos acostumbrados, y a establecer de forma espontánea relación con todo tipo de personas, nos produce como resultado un estado satisfactorio en general. O puede que a esto hoy en día lo tengamos que llamar magia.
Mi primera idea fue ir sólo, me alegro de haberlo hecho acompañado por mi buen amigo Sito. Un abrazo.


miércoles, 30 de junio de 2010

LA DISFRUTADA RUTA DEL SEÑOR CAYO

En esta ocasión el grupo RUEDA LA BOTA propone dejar atrás las altas cumbres y brañas de Cantabria huyendo de la temida niebla que nos suele acompañar, nos decidimos por la comarca del Norte de Burgos desde Sedano hasta Soncillo.
Decía Miguel Delibes, gran conocedor y amante de de la zona: tal vez la parte de Castilla menos exaltada literariamente, aunque no la menos bella, donde los ingentes plegamientos y sus peculiaridades vegetales, que preludian las tierras del norte, se conjugan con el clima extremoso y los cielos hondos y azules propios de la Castilla llana.
Tomamos la salida en Sedano camino de Gredilla siguiendo el curso del rio del mismo nombre y disfrutando de los frescos aromas de la mañana, suave pedaleo entre nogales de hermoso porte que tan bien describió el maestro antes referido en "siestas con viento sur".
Una visita a la iglesia de Gredilla y continuamos subiendo, ahora entre sembrados y barbechos cubiertos de amapolas, camino del dolmen El Moreco, uno de tantos que salpican la comarca.

Culminando la subida aparece ante nosotros la gran depresión conocida como La Hoya de Huidobro, un gran embudo tapizado de hayas en cuyo fondo se sitúa la semiabandonada población. Un espectáculo para los sentidos y una gran desolación al llegar al pueblo y contemplar el estado ruinoso en que se encuentra su bella iglesia románica, preludio de otras muchas que encontraremos más adelante. Sabemos que es mucho el patrimonio a mantener, pero seguro también que falta iniciativa y no sólo medios.
Salimos de La Hoya por el barranco dirección norte y paralelos al arroyo, viejas hayas nos acompañan en este bonito y cerrado tramo. Dejamos atrás las poblaciones de Cubillo, Porquera y Dobro y llegamos hasta Ahedo de Butrón, bonito caserío e iglesia.


El sendero que tomamos nos llevará hasta Tudanca donde el apetito y el entorno nos obligan a hacer la parada del día.
Para algunos de los que no conocían el camino, aquí nos tropezamos con la primera emboscada del día, la subida por el paso de Los Tornos, donde la pendiente a superar y el calor junto con el peso de mochilas y bicis nos hacen sudar.
Enseguida volvemos a encontrarnos con el Ebro que nos acompaña hasta Cidad, donde tomamos un refrigerio amablemente servido por el paisano del centro social.



San Miguel de Cornezuelo y Consortes serán nuestros próximos destinos, el primero con bonito caserío de estilo montañés, a la vera de lo que seguro fue un importante camino y el segundo que nos servirá de entrada para otro tramo pleno de vegetación y frescura que nos lleva por Lándraves y.... segunda emboscada, si la primera era para alpinistas, ésta lo es para anfibios, hemos de seguir el cauce del rio, no cruzarle, si queremos atravesar el desfiladero de Las Palancas, estrecho paso entre dos murallas de roca, y hemos de darnos prisa, que las nubes amenazan tormenta y a buen seguro que no es el mejor sitio para que nos atrape.


Justo a la salida se dejan caer las primaras gotas de lluvia, nos queda todavía sufrir un rato de la fuerte subida hasta alcanzar la población de Munilla, en algún sitio he oído que era pueblo de buenos canteros.
No comparto la reciente moda de cerrar los portales de las iglesias con llave, llegamos lloviendo y hubiéramos agradecido tener un lugar de asubio. Otro edificio de gran valor y en peligro.
Después del descanso y de la charla con el paisano de Munilla, emprendemos la marcha que nos llevará por las Torres hasta Soncillo. Parte del camino hacia el puerto decidimos hacerlo andando, disfrutando de la húmeda tarde que potencia los olores de madreselvas y rosáceas que bordean el tramo. Hemos recorrido 62 km. llegamos a Soncillo donde nos espera el hotel El Capricho de Clemente. Una fuerta tromba de agua que nos viene perdonando desde hace rato, descarga sobre las calles, pero al refugio de los soportales, en la terraza del establecimiento, hidratamos abundantemente el cuerpo que mañana continuamos.



Amanece fresquito y con fina lluvia en Soncillo, bien desayunados y saldada la cuenta con el hotel, comprobamos que nuestras bicis se encuentran en buen estado, ningún pinchazo.
Lentamente, calentando piernas, llegamos a Virtus, nos hacemos la foto con el castillo al fondo y continuamos por camino a Cilleruelo de Bezana y San Román para adentrarnos en el Monte de Carrales.

Noche de lluvia, mañana de barro, ya lo dice la copla y Pedro se esforzaba en recordar, pero enseguida el camino mejora y da gusto pedalear por el interior del hayedo que nos lleva hasta el mismo Puerto de Carrales. En Villanueva de Carrales seguimos las indicaciones de un veraneante que disfruta de la soledad del pueblo junto a su familia y por un largo camino bajo el Páramo de Bricia llegamos a Crespos.

Nos recibe este bello pueblo con fuente de agua fresca, grandes nogales para ponerse a la sombra ,las cerezas a punto de caramelo y su joya románica de primera mitad del S. XII. Sitio perfecto para hacer el primer avituallamiento y darle un apretón a la bota.
Subimos a Población de Arreba, salimos por la Calle Real en dirección a Báscones de Zamanzas, caserío metido entre el bosque en el que destaca su iglesia. Llegados a Gallejones hubiera sido más acertado seguir por Rampalay hasta Pesquera, teníamos previsto subir a Turzo y eso hicimos, desde aquí disculpas por el esfuerzo exigido, si bien la bajada a Pesquera desde Turzo siguiendo el G.R 99 también hizo las delicias de los amantes de la BTT.


De nuevo la amenaza de tormenta, junto con el calor, invitan a ponernos a cubierto para comer. Y así fue, la tormenta vino al poco de coger la pista hacia Cortiguera, la nube descarga, pero como hace buena temperatura unos deciden ponerse los chubasqueros, otros se quedan como estaban y alguno hasta se quita la camiseta.
En Cortiguera buscamos al Señor Cayo pero no damos con él, una pena pues queríamos agradecerle el que nos haya inspirado buena parte de la ruta. Pero se acabaron los Cayos y los Hidalgos, sólo los blasones de los palacios y las portadas de las mutiladas casas han quedado como testigos.

Después de la lluvia caída y de visitar lo que queda de Cortiguera, el camino sigue mostrándose generoso con nosotros; tenemos unas formidables vistas sobre el cañón del Ebro, y cuando no le vemos oimos su discurrir al fondo.
Dejamos a la derecha el camino que baja a Valdelateja y seguimos ascendiendo hasta alcanzar de nuevo el páramo con sus sembrados. Por fin toca bajar, las piernas piden ya un descanso, llegamos a la carretera que se dirige a Nocedo, pero nosotros nos vamos para Sedano que nos espera una cerveza fresquita.
Quizás para dos días ha sido un recorrido excesivamente largo, pero no sólo por el esfuerzo exigido sino sobre todo porque abarcar, disfrutar y reflexionar sobre todo lo visto lleva mucho más tiempo. Merece la pena.












martes, 15 de junio de 2010

POR LOS PICOS DE EUROPA

Somos unos auténticos privilegiados por la proximidad a la que nos encontramos del maravilloso entorno que son Los Picos de Europa.
De los tres macizos que los componen, elegimos esta vez circunvalar el Oriental o Macizo de Andara, para ello salimos desde Potes, llegamos a Bejes por el Collado Pelea, ascendemos de nuevo a Sotres y contrarios al curso del Río Duje alcanzamos Áliva. Sólo resta bajar a Espinama y ya por carretera alcanzar otra vez Potes. Así contado parece sencillo, nada más lejos de la realidad. Además de superar importantes desniveles, en Picos y un día como éste, hemos de afrontar una climatología muy especial, las cuatro estaciones a lo largo de las nueve horas y pico que tardamos.
Los primeros kilómetros los hacemos por carretera hasta Cabañes, pasando por el bonito castañar de Pendes. En Cabañes un plátano y pie a tierra, las primeras rampas del camino a Pelea sólo son asumibles para nuestro colega Ricardo (una pena que no pudo venir). Cuando acaba el camino de hormigón montamos en nuestras bicis y conseguimos llegar al collado donde el fuerte viento acompañado de lluvia no nos permite hacer parada.

Si la subida es exigente por el esfuerzo, la bajada lo es por la pericia. Así que hay que tomárselo con mucho sentido del humor y no soltar los frenos pero tampoco pasarse con la frenada, en fin, un lío.
Las vistas sobre Bejes y sus invernales son impresionantes, desde este pueblo seguimos el camino minero salvando un importante desnivel hasta el Vao los Lobos, ya unos paisanos nos advierten en Bejes que íbamos a "sudar la bragueta" y no andaban equivocados.
Hemos dejado atrás las bonitas vistas sobre la canal de Urdón y la senda que sube a Tresviso, cruzamos el Monte la Llama y el Jito Escarandi y empapados y castañeando los dientes llegamos a comer a Sotres.
Con el estómago lleno y la ropa seca, que no el calzado, nos internamos en la cuenca del río Duje, divisoria de los macizos oriental y central. Parece que la lluvia nos da un respiro y la niebla también nos permite ir disfrutando del camino, no así de las cumbres de los picos, otra vez será. Llegamos a las vegas de Sotres, grupo de invernales que aprovechan el llano que forma aquí el paisaje, gracias supongo a la cuenca glaciar que dejaron los remotos hielos desde aquí hasta Áliva.
Nos cuesta alcanzar las praderías pero realmente el esfuerzo bien merece la pena. Es impresionante observar este manto verde salpicado de vacas, ovejas y caballos después de tanta roca. La mejor parte pernece a Cantabria, dice la leyenda que los lebaniegos emborracharon al gallo de Espinama que dio la salida antes que el de Sotres a la carrera que echaron un vecino de cada pueblo. El punto donde se encontraron marcó el límite de términos.
Ante nuestros ojos aparece la ermina de la Virgen de la Salud, que puede que nos haya protegido en el duro camino que traemos, además nos ha puesto el sol en lo alto y eso si que es gloria bendita.
Rematamos la tarde con esta tierna estampa de una de las muchas vacas y terneros que disfrutan de esta extensa pradería a casi 1500 metros de altitud.

Dejamos atrás Áliva y los altos picachos y en un vertiginoso descenso nos plantamos en espinama.


Para finalizar la excursión, nada como un fuerte apretón a nuestra querida BOTA. Sólo resta bajar a Potes por carretera disfrutando también de los pueblos lebaniegos.
Han sido setenta kilómetros de bicicleta por una de las rutas más duras que hemos hecho, pero ha merecido la pena.
Ahora cuidado con la carretera y el coche que es lo más peligroso de salir a la montaña, por eso Sito que ama mucho la vida le advierte al chófer: "cuidado pollo que este desfiladero esta más ajustado que los tornillos de un submarino".