domingo, 25 de julio de 2010

HIGÓN-SANTIAGO DE COMPOSTELA.575 KM.DE BICIPELEGRINAJE

La idea surgió de forma repentina, tengo una semana por delante, ningún plan específico, me voy a Santiago con la bici. ¿ Qué ruta ? la mía, desde mi lugar de nacimiento. Por cierto me acompaña Sito, yo encantado.

A las siete de la mañana tomamos café en Higón, informamos a la familia de los planes e itenerario, recibimos sus bendiciones y nos ponemos en marcha.¡¡BUEN CAMINO!!
Marcamos como primer objetivo Aguilar de Campoo, tenemos dos opciones, por el este hacia Valderredible por la Colegiata de San Martín de Elines. Por el oeste, también conocido como "gallego"por la Colegiata de Cervatos. Está claro vamos por la de Cervatos. Recorremos la ribera sur del pantano del Ebro, que está a rebosar, miramos de reojo las ruinas de Julióbriga y nos dirigimos a Cervatos haciendo una parada junto a la iglesia.


Desde la misma colegiata un camino nos lleva a la carretera del Bardal, superado el alto nos internamos en el valle de Valdeolea.




Entre prados, bosques, iglesias románicas, restos de calzadas, menhires y antiguos puentes llegamos a Nestar. Por la calzada Portus Blendius- Pisoraca llegamos a la antigua capital de la Merindad de Campoo. Aguilar. Visitamos Santa María la Real y tomamos un aperitivo en una de las terrazas de los soportales de la bonita plaza.
Nuestra próxima parada será para comer de campo al lado de la iglesia rupestre de Olleros de Pisuerga. Impresionante y mucho más cerca que La Capadocia. Menú campestre: Sopa gallina blanca, callos el campanal y plátano, calentado con el infiernillo última tecnología campiz-gas. Una hora de siesta a la sombra de los árboles y continuamos hasta Alar del Rey donde por el camino que discurre paralelo al Canal de Castilla llegamos hasta Herrera de Pisuerga. Como tenemos viento favorable decidimos continuar hasta Osorno para pasar la noche. Para ser el primer día han sido muchos kilómetros, gracias al Dios Eolo y a un recorrido en general llano, o así nos lo ha parecido a nosotros, acostumbrados a los desniveles de "La Montaña".


El segundo día de periplo amanece con el cielo totalmente despejado y un sol en lo alto que amenaza con aplanarnos. Atravesamos hoy la Tierra de Campos desde Osorno, pasando por Carrión de los Condes, donde enlazamos con la ruta clásica que viene de Roncesvalles, llegamos a Sahagún de Campos y como vamos bien de tiempo y forma pernoctamos en el albergue del Burgo Ranero.

Rodamos en todo momento por caminos de tierra por la "ancha Castilla" que se dispone a recolectar el cereal. Tomamos contacto por primera vez con otros caminantes y cambiamos impresiones en cuanto a la forma de hacer esta ruta, a nosotros nos parece muy dura para hacerla caminando, las largas y monótonas rectas con sus toboganes se nos antojan interminables; los caminantes, por su parte, opinan que es así como se le saca todo el partido. En fin, cada uno con lo suyo. También cambiamos impresiones con las pocas gentes que viven en estos pueblos castellanos, así nos enteramos, por ejemplo, del bajo precio que se paga por la cebada, diecinueve pesetas-kilo, o lo tirado que está el precio del lechazo. Intentamos disfrutar de las vistas de campos de girasoles y cereales y nos acompañan a la derecha y a lo lejos los perfiles de la conocida montaña palentina.

El atardecer castellano es recibido como un regalo para los sentidos, la gran bola de fuego que es el sol potencia los tonos rojos de los adobes y los ladrillos de los campanarios. La infinidad de ranas que deben de dar el nombre al Burgo comienzan su concierto en la laguna, con esa música nos quedamos dormidos.

A primera hora nos ponemos en marcha rumbo a Mansilla de las Mulas y León, es curioso como a lo largo del camino vamos cruzando aquellos ríos y afluentes que de pequeños recitábamos de memoria a la maestra, el Pisuerga, el Cea, el Órbigo, el Esla, cada uno por su bonito puente, el de Hospital de Órbigo está en reparación.


Hemos parado un momento en León para visitar su catedral y hacernos la foto con unos paisanos que conocimos en la anterior etepa, cosas del camino. Las entradas y salidas de las ciudades no dejan muy buenos recuerdos, por lo menos para los bici-pelegrinos.


Seguimos teniendo a lo lejos y a nuestra derecha la cadena montañosa desde el Curavacas hasta Riaño. Nos internamos en el extenso páramo leonés, pobre en sus inicios pero enseguida gracias al regadío procedente de sus pantanos se vuelve fértil. El mayor productor de legumbres de la península, nos dice Jesús el del albergue de Villar de Mazarife, donde comemos y descansamos largo rato.
La tarde aún será dura hasta conseguir alcanzar la bella localidad de Astorga.
Debemos poner especial interés en realizar unos correctos avitualamientos o nuestra llegada no estará garantizada, también la hidratación es parte importantísima de nuestros cuidados. Tampoco somos tan raros que no deseemos saber de nuestra familia.
Desayunamos antes de que amanezca en Astorga, pues nos queda una jornada durilla, hemos de cruzar la tierra maragata hasta subir a la cruz del fierro, punto más elevado del camino a 1500 m. de altitud. Seguimos con nuestras bicis el camino siempre peatonal excepto la fuerte bajada a Ponferrada que elegimos el asfalto.
Dos curiosidades del camino, la primera apuntada por Sito, y es que todos vamos en el mismo sentido, parece un camino sin retorno, debe ser que Santiago milagrosamente nos devuelve a nuestros lugares de origen por distinto itinerario o por distintos medios. La segunda es que hasta ahora no hemos tenido que vender ninguna reliquia para sobrevivir. Tenemos una tarjeta que la metes por una ranura y problema resuelto.
Hemos cruzado El Bierzo, tierra agreste y muy parecida a nuestra Liébana cántabra, rica en frutales, hortalizas y vinos, hasta bolígrafos nacen si se plantan.


Por fin entramos en Galicia con todos los típicos tópicos, fuerte subida al Cebreiro, niebla, paisaje verde, aldeas grises con casas de piedra y pizarra, y también pulpo y ribeiro. Suena ya el cantarín galego que se venía adivinando por tierras bercianas; en el camino se escuchan varios idiomas, predominando el inglés, después el castellano, catalán, alemán, japonés, italiano etc.
Nos vamos dando cuenta que el camino es un recurso turístico importante por las zonas por donde pasa, por muchas creo que el único. Venimos haciendo uso de los albergues, algunos son como un oasis en medio del desierto, sobre todo por Castilla y el Páramo. Nos llama la atención los centenarios y hasta milenarios castaños y robles que flanquean el camino gallego, no como esos arbolitos casi recién plantados de etapas anteriores, con la calor que pegaba y lo necesario que era su sombra.
Disfrutamos pero también sufrimos por los caminos gallegos, para la bici son exigentes o como se suele decir rompepiernas. Cerca ya de Santiago, donde se establece la línea en que te ganas el jubileo, la masificación hace que tengamos que ser prudentes con la conducción, intentamos molestar lo mínimo a los caminantes.

Por fin conseguimos el objetivo marcado , llegamos temprano por la mañana, descendemos el Monte del Gozo, entramos por el casco histórico y pisamos la Plaza del Obradoiro, una ojeada a las agujas de la catedral y a su entorno y enseguida me doy cuenta que llegar a Santiago significa que deseo enormemente regresar con mi familia y amigos. Y significa que empiezo a rebobinar y a ir recordando los buenos momentos que ha tenido el peregrinaje.
No creo que el camino tenga ninguna magia especial, simplemente el hecho de hacer el esfuerzo físico y mental que supone su recorrido, con una velocidad y en un medio muy distintos a los que habitualmente estamos acostumbrados, y a establecer de forma espontánea relación con todo tipo de personas, nos produce como resultado un estado satisfactorio en general. O puede que a esto hoy en día lo tengamos que llamar magia.
Mi primera idea fue ir sólo, me alegro de haberlo hecho acompañado por mi buen amigo Sito. Un abrazo.


miércoles, 30 de junio de 2010

LA DISFRUTADA RUTA DEL SEÑOR CAYO

En esta ocasión el grupo RUEDA LA BOTA propone dejar atrás las altas cumbres y brañas de Cantabria huyendo de la temida niebla que nos suele acompañar, nos decidimos por la comarca del Norte de Burgos desde Sedano hasta Soncillo.
Decía Miguel Delibes, gran conocedor y amante de de la zona: tal vez la parte de Castilla menos exaltada literariamente, aunque no la menos bella, donde los ingentes plegamientos y sus peculiaridades vegetales, que preludian las tierras del norte, se conjugan con el clima extremoso y los cielos hondos y azules propios de la Castilla llana.
Tomamos la salida en Sedano camino de Gredilla siguiendo el curso del rio del mismo nombre y disfrutando de los frescos aromas de la mañana, suave pedaleo entre nogales de hermoso porte que tan bien describió el maestro antes referido en "siestas con viento sur".
Una visita a la iglesia de Gredilla y continuamos subiendo, ahora entre sembrados y barbechos cubiertos de amapolas, camino del dolmen El Moreco, uno de tantos que salpican la comarca.

Culminando la subida aparece ante nosotros la gran depresión conocida como La Hoya de Huidobro, un gran embudo tapizado de hayas en cuyo fondo se sitúa la semiabandonada población. Un espectáculo para los sentidos y una gran desolación al llegar al pueblo y contemplar el estado ruinoso en que se encuentra su bella iglesia románica, preludio de otras muchas que encontraremos más adelante. Sabemos que es mucho el patrimonio a mantener, pero seguro también que falta iniciativa y no sólo medios.
Salimos de La Hoya por el barranco dirección norte y paralelos al arroyo, viejas hayas nos acompañan en este bonito y cerrado tramo. Dejamos atrás las poblaciones de Cubillo, Porquera y Dobro y llegamos hasta Ahedo de Butrón, bonito caserío e iglesia.


El sendero que tomamos nos llevará hasta Tudanca donde el apetito y el entorno nos obligan a hacer la parada del día.
Para algunos de los que no conocían el camino, aquí nos tropezamos con la primera emboscada del día, la subida por el paso de Los Tornos, donde la pendiente a superar y el calor junto con el peso de mochilas y bicis nos hacen sudar.
Enseguida volvemos a encontrarnos con el Ebro que nos acompaña hasta Cidad, donde tomamos un refrigerio amablemente servido por el paisano del centro social.



San Miguel de Cornezuelo y Consortes serán nuestros próximos destinos, el primero con bonito caserío de estilo montañés, a la vera de lo que seguro fue un importante camino y el segundo que nos servirá de entrada para otro tramo pleno de vegetación y frescura que nos lleva por Lándraves y.... segunda emboscada, si la primera era para alpinistas, ésta lo es para anfibios, hemos de seguir el cauce del rio, no cruzarle, si queremos atravesar el desfiladero de Las Palancas, estrecho paso entre dos murallas de roca, y hemos de darnos prisa, que las nubes amenazan tormenta y a buen seguro que no es el mejor sitio para que nos atrape.


Justo a la salida se dejan caer las primaras gotas de lluvia, nos queda todavía sufrir un rato de la fuerte subida hasta alcanzar la población de Munilla, en algún sitio he oído que era pueblo de buenos canteros.
No comparto la reciente moda de cerrar los portales de las iglesias con llave, llegamos lloviendo y hubiéramos agradecido tener un lugar de asubio. Otro edificio de gran valor y en peligro.
Después del descanso y de la charla con el paisano de Munilla, emprendemos la marcha que nos llevará por las Torres hasta Soncillo. Parte del camino hacia el puerto decidimos hacerlo andando, disfrutando de la húmeda tarde que potencia los olores de madreselvas y rosáceas que bordean el tramo. Hemos recorrido 62 km. llegamos a Soncillo donde nos espera el hotel El Capricho de Clemente. Una fuerta tromba de agua que nos viene perdonando desde hace rato, descarga sobre las calles, pero al refugio de los soportales, en la terraza del establecimiento, hidratamos abundantemente el cuerpo que mañana continuamos.



Amanece fresquito y con fina lluvia en Soncillo, bien desayunados y saldada la cuenta con el hotel, comprobamos que nuestras bicis se encuentran en buen estado, ningún pinchazo.
Lentamente, calentando piernas, llegamos a Virtus, nos hacemos la foto con el castillo al fondo y continuamos por camino a Cilleruelo de Bezana y San Román para adentrarnos en el Monte de Carrales.

Noche de lluvia, mañana de barro, ya lo dice la copla y Pedro se esforzaba en recordar, pero enseguida el camino mejora y da gusto pedalear por el interior del hayedo que nos lleva hasta el mismo Puerto de Carrales. En Villanueva de Carrales seguimos las indicaciones de un veraneante que disfruta de la soledad del pueblo junto a su familia y por un largo camino bajo el Páramo de Bricia llegamos a Crespos.

Nos recibe este bello pueblo con fuente de agua fresca, grandes nogales para ponerse a la sombra ,las cerezas a punto de caramelo y su joya románica de primera mitad del S. XII. Sitio perfecto para hacer el primer avituallamiento y darle un apretón a la bota.
Subimos a Población de Arreba, salimos por la Calle Real en dirección a Báscones de Zamanzas, caserío metido entre el bosque en el que destaca su iglesia. Llegados a Gallejones hubiera sido más acertado seguir por Rampalay hasta Pesquera, teníamos previsto subir a Turzo y eso hicimos, desde aquí disculpas por el esfuerzo exigido, si bien la bajada a Pesquera desde Turzo siguiendo el G.R 99 también hizo las delicias de los amantes de la BTT.


De nuevo la amenaza de tormenta, junto con el calor, invitan a ponernos a cubierto para comer. Y así fue, la tormenta vino al poco de coger la pista hacia Cortiguera, la nube descarga, pero como hace buena temperatura unos deciden ponerse los chubasqueros, otros se quedan como estaban y alguno hasta se quita la camiseta.
En Cortiguera buscamos al Señor Cayo pero no damos con él, una pena pues queríamos agradecerle el que nos haya inspirado buena parte de la ruta. Pero se acabaron los Cayos y los Hidalgos, sólo los blasones de los palacios y las portadas de las mutiladas casas han quedado como testigos.

Después de la lluvia caída y de visitar lo que queda de Cortiguera, el camino sigue mostrándose generoso con nosotros; tenemos unas formidables vistas sobre el cañón del Ebro, y cuando no le vemos oimos su discurrir al fondo.
Dejamos a la derecha el camino que baja a Valdelateja y seguimos ascendiendo hasta alcanzar de nuevo el páramo con sus sembrados. Por fin toca bajar, las piernas piden ya un descanso, llegamos a la carretera que se dirige a Nocedo, pero nosotros nos vamos para Sedano que nos espera una cerveza fresquita.
Quizás para dos días ha sido un recorrido excesivamente largo, pero no sólo por el esfuerzo exigido sino sobre todo porque abarcar, disfrutar y reflexionar sobre todo lo visto lleva mucho más tiempo. Merece la pena.












martes, 15 de junio de 2010

POR LOS PICOS DE EUROPA

Somos unos auténticos privilegiados por la proximidad a la que nos encontramos del maravilloso entorno que son Los Picos de Europa.
De los tres macizos que los componen, elegimos esta vez circunvalar el Oriental o Macizo de Andara, para ello salimos desde Potes, llegamos a Bejes por el Collado Pelea, ascendemos de nuevo a Sotres y contrarios al curso del Río Duje alcanzamos Áliva. Sólo resta bajar a Espinama y ya por carretera alcanzar otra vez Potes. Así contado parece sencillo, nada más lejos de la realidad. Además de superar importantes desniveles, en Picos y un día como éste, hemos de afrontar una climatología muy especial, las cuatro estaciones a lo largo de las nueve horas y pico que tardamos.
Los primeros kilómetros los hacemos por carretera hasta Cabañes, pasando por el bonito castañar de Pendes. En Cabañes un plátano y pie a tierra, las primeras rampas del camino a Pelea sólo son asumibles para nuestro colega Ricardo (una pena que no pudo venir). Cuando acaba el camino de hormigón montamos en nuestras bicis y conseguimos llegar al collado donde el fuerte viento acompañado de lluvia no nos permite hacer parada.

Si la subida es exigente por el esfuerzo, la bajada lo es por la pericia. Así que hay que tomárselo con mucho sentido del humor y no soltar los frenos pero tampoco pasarse con la frenada, en fin, un lío.
Las vistas sobre Bejes y sus invernales son impresionantes, desde este pueblo seguimos el camino minero salvando un importante desnivel hasta el Vao los Lobos, ya unos paisanos nos advierten en Bejes que íbamos a "sudar la bragueta" y no andaban equivocados.
Hemos dejado atrás las bonitas vistas sobre la canal de Urdón y la senda que sube a Tresviso, cruzamos el Monte la Llama y el Jito Escarandi y empapados y castañeando los dientes llegamos a comer a Sotres.
Con el estómago lleno y la ropa seca, que no el calzado, nos internamos en la cuenca del río Duje, divisoria de los macizos oriental y central. Parece que la lluvia nos da un respiro y la niebla también nos permite ir disfrutando del camino, no así de las cumbres de los picos, otra vez será. Llegamos a las vegas de Sotres, grupo de invernales que aprovechan el llano que forma aquí el paisaje, gracias supongo a la cuenca glaciar que dejaron los remotos hielos desde aquí hasta Áliva.
Nos cuesta alcanzar las praderías pero realmente el esfuerzo bien merece la pena. Es impresionante observar este manto verde salpicado de vacas, ovejas y caballos después de tanta roca. La mejor parte pernece a Cantabria, dice la leyenda que los lebaniegos emborracharon al gallo de Espinama que dio la salida antes que el de Sotres a la carrera que echaron un vecino de cada pueblo. El punto donde se encontraron marcó el límite de términos.
Ante nuestros ojos aparece la ermina de la Virgen de la Salud, que puede que nos haya protegido en el duro camino que traemos, además nos ha puesto el sol en lo alto y eso si que es gloria bendita.
Rematamos la tarde con esta tierna estampa de una de las muchas vacas y terneros que disfrutan de esta extensa pradería a casi 1500 metros de altitud.

Dejamos atrás Áliva y los altos picachos y en un vertiginoso descenso nos plantamos en espinama.


Para finalizar la excursión, nada como un fuerte apretón a nuestra querida BOTA. Sólo resta bajar a Potes por carretera disfrutando también de los pueblos lebaniegos.
Han sido setenta kilómetros de bicicleta por una de las rutas más duras que hemos hecho, pero ha merecido la pena.
Ahora cuidado con la carretera y el coche que es lo más peligroso de salir a la montaña, por eso Sito que ama mucho la vida le advierte al chófer: "cuidado pollo que este desfiladero esta más ajustado que los tornillos de un submarino".







domingo, 30 de mayo de 2010

MONTE HIJEDO. PATA NEGRA.

Siempre que vayas al Monte Hijedo volverás con la sensación de haber pisado un sitio único y cada vez más escaso, una enorme masa forestal de distintas especies pero con predominio del roble albar, y sobre todo un espacio donde la biodiversidad y la convivencia de distintos seres vivos, tanto animales como vegetales, son un claro ejemplo de la importancia de todos y cada uno de ellos. Por eso el respeto y cariño por el "monte" (nombre con el nosotros lo conocemos) se va transmitiendo de generación en generación, sirve como testimonio esta imagen del abuelo, hijo y nieto, junto a uno de los varios tejos centenarios que se encuentran dispersos y abrazados cada uno de ellos a su correspondiente roca.
Si el camino lo haces con niños y con adultos que sepan distinguir las distintas especies, el viaje será altamente instructivo para todos. La pequeña rana bermeja que encontramos entre la húmeda hojarasca sirve para hacer una de las muchas paradas didácticas del trayecto; posterirmente sería un pequeño tritón alpino que tranquilamente descansaba en su charca llena de hojas.
Si la especie por excelencia es el roble albar (querqus petraea) existen muchas más que también merecen la pena, roble común, hayas, acebos, avellanos, abedules, mostajos, manzanos y perales silvestres, espinos, salces, los ya mencionados tejos, y algún ejemplar de álamo temblón como el de la foto inferior. Bellísimo árbol que se encuentra en el prado de "La Cabaña", y cuya caracterísca es ese peculiar campanilleo de sus hojas incluso en ausencia de viento.
Pero este bosque ya decimos que es más que árboles, vimos orquídeas, arándanos, y muchas más flores y pequeñas plantas que los entendidos conocían y apreciaban por distintos motivos. De su riqueza en setas ya los aficionados conocen, no vamos a dar más pistas. Por cierto es coto.



Como para valorar las cosas hay que conocerlas, existe un circuito balizado de unos doce kilómetros que es el que nosotros hicimos y que parte cerca del pueblo de Santa Gadea, en Burgos. Pasa por el edificio de la foto inferior conocido como La Cabaña, construción peculiar y bien conservada en la actualidad, cuyo origen se remonta a principios del siglo pasado como lugar de veraneo de un insigne personaje del lugar.
El circuito se sale un momento del monte, pero casi se agradece y así se tiene buena vista de las distintas formaciones de roca arenisca que salpican la zona, también de los pastizales llenos de ganado y de una pequeña turbera que también tiene un alto valor ecológico por las distintas especies que alberga, brezo de turbera, flores de algodón etc.


Cualquier estación del año es propicia para la visita, ahora está verdaderamente precioso con su hoja recién estrenada, en otoño ¡qué os voy a contar!, pero el invierno es muy peculiar también, con su silencio y su negrura, Si vais en pleno verano el calor y las moscas serán el mayor inconveniente.





domingo, 23 de mayo de 2010

VALDELOMAR-CASTRO BERNORIO

Una vez más comenzamos nuestra ruta en el sur de Cantabria, en Santa María de Valverde, junto a la iglesia rupestre y el Centro de Interpretación del mismo.Cruzamos lo que resta del Valle de Valdelomar hacia el oeste por su camino real y llegamos a Cezura, ya en Palencia, recomendable visitar su restaurada iglesia.
Llegados a Helecha de Valdivia nuestro objetivo es la conquista del castro Monte Bernorio, pero sin más pretensiones que las de gozar de sus vistas, y cada uno con su imaginación y alguna lectura de cántabros contra romanos, recrear épocas pasadas.

Desde la planicie del castro observamos la Montaña Palentina con sus nevadas cumbres, Aguilar y su pantano, el Sestil y el Tres Mares y debajo las tierras de cultivo.

Rápido descenso desde el castro hasta Villarén donde hacemos una parada en su ermita rupestre.

Continuamos por una bonita carretera entre sembrados que nos llevará por Pomar y Revilla hasta Covalagua.



Justo antes de Covalagua y a la sombra del haya centenaria damos buena cuenta de nuestras viandas.

El paraje de Covalagua aparece frondoso y rebosante del líquido elemento, las hayas con su recién estrenada hoja, los espinos en flor, hasta orquídeas aparecen, sólamente a las rebollas les faltan unos días para tapizar totalmente sus copas.



Dejamos Covalagua y ascendemos hasta el mirador de Valcabado dejando atrás la cueva de los franceses. Si desde El Bernorio las vistas eran buenas, desde aquí son espectaculares: el páramo, Peña Amaya, La Ulaña, Valderredible, hasta el castro Valnera se ve al fondo. Y a nuestros pies las copas de las hayas del monte Ahedo.


Tenemos que descender otra vez a Valdelomar y como llevamos buen guía, nos mete en la trampa. Pero la trampa no es para nosotros sino para las "fieras y alimañas" que en otros tiempos invadían montes y caminos de la comarca, según consta en las antiguas ordenanzas de 1658 sobre el uso del llamado "pozo de los lobos". Magnífica cabaña de vacas ratinas pastan a su alrededor, pocas quedan ya de esta noble raza.

Desde el pozo los lobos cruzamos dos veces, a distinto nivel, el monte Ahedo, y en rápido descenso acabamos en la iglesia de Castrillo, a la sombra del campanario, que aprieta la calor.

Después de 42 km. y mucha historia tras nuestros pasos, llegamos de nuevo al punto de partida. Otra vez estos estupendos vehículos que son las bicicletas, nos han permitido pasar una estupenda jornada y realizar un recorrido que andando nos resutaría excesivo y en coche imposible.

Estrenamos el bar abierto recientemente junto al Centro de Interpretación y como siempre unas cervezas y unas risas despiden la excursión. Comenzamos a preparar la siguiente.

Más sobre Valdelomar :http://asociacionvaldelomar.blogspot.com/2009/12/romanico-en-valdelomar-cezura.html









domingo, 2 de mayo de 2010

HAYEDO DE CARRALES

Pues ya lo dice el cartel, Quintanilla de San Román, pero ¿dónde diablos está este pueblo?, será difícil encontrarlo, pero si insistimos y nos acercamos al norte de Burgos preguntando por Valdebezana, quizás alguno nos pueda orientar, no es seguro. Lo de Partido Judicial de Sedano ya es una gran pista, pista de belleza, pista de despoblamiento, pista de uno de tantos tendentes a desaparecer, o no. De momento la iglesia románica se mantiene en pie después de años y años, puede que sea la señal de que no todo está perdido.
No me gustan nada de nada las ramas del sauco que se van aproximando a la ventana, conozco de su querencia por las casas abandonadas y los corrales huérfanos. Es esta fachada norte y los antiguos sabían que las ventanas debían de ser muy pequeñas.

Comienza a la vera de esta casa el camino que nos interna en el hayedo de Carrales y que en el día de hoy presenta un inmejorable aspecto para su disfrute.


Con el haya ocurre que cuando la hoja apunta es una verdadera maravilla poder contemplarla, por su color verde fosforito y por su textura aterciopelada, pero dura pocos días , después el verde se oscurece y la hoja se pone más dura. Sucede lo mismo en otoño, los ocres aparecen y desaparecen en pocos días. El camino es muy cómodo, rezuma humedad todo él, hoy estaba especialmente bonito, por lo dicho antes y por la fina lluvia que estaba cayendo.

Hoy día de la Madre, asocio la festividad a la marca amarilla que le han puesto al tronco del haya, madre de muchas de su alrededor, pues es la mas vieja que observo. Están haciendo una "limpia" o "entresaca" y a ésta también le toca, ¿por qué ? está a la orilla del camino, no se mete con nadie, no creo que compita en exceso con su prole, se la llevarán para biomasa, pues ni siquiera para leña para calentar algún hogar del pueblo.
El corzo la goza con los nuevos brotes de hierba que salen en la pequeña pradera que hay dentro del propio hayedo, nos hemos aguantado la mirada durante un buen rato, pero al fin, y por si acaso, pone pies en polvorosa.

Para el que quiera disfrutar de este hayedo, son nueve kilómetros ida y vuelta desde Quintanilla de San Román hasta el Puerto de Carrales, un camino casi llano en su totalidad señalizado en los mapas como camino de la calleja bajera. Si alguien oye, además de a los pájaros, un pequeño murmullo, no se asuste , son las aspas de los molinos eólicos que están en el Pico Nava, pero desde el bosque no se ven. Un pequeño inconveniente de "las renovables".